Shibuya

Where the lives of three thousand people cross simultaneously for a few seconds at the command of the red and green traffic lights, she stole his wallet and he, her heart.

That was a Monday.

The chances of crossing again were tiny. One in a billion. But it happened. They did it.

And this time, she returned the wallet. But he, selfish, kept her soul for him.

That was on Tuesday.

Desperate, she returned the next day. And the other. And the other.

Nothing.

The chances were, in fact, too little.

She tried to guess which of the crossings he could choose, at what minute of the morning. Afraid to change the routine in case he chose the one where he left her eager. Lack of air.

So, when it was another random Monday, while stealing other wallets with no joy or frenzy, melancholic and conquered, she looked up, and on the huge television screens that surround the damn intersection, she read “I have your heart, but I need you to make it beat “.

And at the moment when the traffic light was going to change, they crossed again.

Allí donde las vidas de tres mil personas se cruzan simultáneamente durante escasos segundos a las órdenes del rojo y verde de los semáforos, ella le robó la cartera y él, su corazón.

Eso fue un lunes.

Las probabilidades de volver a cruzarse eran ínfimas. Una entre mil millones. Pero pasó. Volvieron a cruzarse.

Y esta vez, ella le devolvió la cartera. Pero él, egoísta, siguió quedando con su alma.

Eso fue el martes.

Desesperada volvió al día siguiente. Y al otro. Y al otro.

Nada.

Las probabilidades eran, efectivamente, demasiado escasas.

Hizo cábalas para adivinar cuál de los pasos de peatón podría escoger, en qué minuto de la mañana. Con miedo a cambiar de rutina por si volvía a escoger aquel en el que la dejó anhelante. Falta de aire.

Así que, cuando volvió a ser otro lunes cualquiera, mientras robaba otras carteras sin alegría ni frenesí, taciturna y rendida, miró hacia arriba, y en las inmensas pantallas de televisión que rodean el maldito cruce, leyó “tengo tu corazón, pero te necesito a ti para hacerlo latir”.

Y en el momento en el que el semáforo iba a cambiar, se volvieron a cruzar.

 

the lady behind the desk/la anciana tras el mostrador

She looked about 85. Even more. She attended one by one with parsimony. With the wisdom of the owl she was wearing on his shirt. Or maybe simply with the few strengths left in her lean body.

She should be at home resting, doing crossword puzzles, preparing tea or watching a flower show on television. I thought.

But there she was. Probably a decision taken by her own choice, but because life had led her to that chair. For so long. Too long.

It was hot. Very hot. The line was endless. The place, the traffic office of any city in a random part of the United States, suffocating. And the task tiresome, in a loop.

When it was my turn, with my son in my arms and my daughter disarming the row of impatient citizens, I almost collapsed and wanted to give her a hug, with a feeling of unjust pain.

But then she looked at me, gave me a smile and told me that it was wonderful to see so many different people every day through her life. She kept a bit of everyone for her.

And I was silent. And I kept her image for me. That it was no longer the image of a frail old woman, but a herculean survivor.

All lives have something that makes them unique.

IMG_9741

Yo le eché unos 85. Incluso más. Atendía uno a uno con parsimonia. Con la sabiduría del búho que llevaba en su camiseta. O quizá simplemente con las pocas fuerzas que le quedaban ya en su enjuto cuerpo.

Debería estar en casa descansando, haciendo crucigramas, preparando el té o viendo un programa de flores en la televisión. Pensé yo.

Pero allí estaba. Probablemente no por decisión propia, sino porque la vida la había llevado hasta esa silla. Durante tanto tiempo. Demasiado.

Hacía calor. Mucho. Las colas eran interminables. El sitio, la oficina de tráfico de una ciudad cualquiera  en lo más profundo de Estados Unidos, asfixiante. Y la tarea cansina, en bucle.

Cuando me tocó el turno, con mi hijo en brazos y mi hija desarmando la fila de impacientes ciudadanos, casi me derrumbé y quise darle un abrazo, con un sentimiento de injusta pena.

Pero entonces ella me miró, me regaló una sonrisa y me dijo que era maravilloso ver a tanta gente diferente cada día pasar por su vida. Que de todos se quedaba con algo.

Y yo me quedé muda. Y me quedé con su imagen. Que ya no era la de una frágil anciana, sino una hercúlea superviviente.

Todas las vidas tienen algo que las hace únicas.

 

Lleva tres días lloviendo…/It´s been raining for three days…

Lleva tres días lloviendo. La imagen es fácilmente imaginable. Los niños llevan esos tres días disfrazados, y sus alas de mariposas construyen torres infinitas que las garras de león derriban una y otra vez. Tú, mientras tanto, lees. Las instrucciones de la lavadora, lo sé, pero lees. Y me gusta verte con gafas.
No es ni de lejos el mejor día de vacaciones, pero el tintineo de la lluvia sobre la ventana, el improvisado estribillo de La Chica de Ipanema, mi canción favorita, en la tele que está puesta sin que nadie la vea, y el runrún de la lavadora que no quiere morir me parecen la banda sonora perfecta para decidir qué hacer el resto de nuestras vidas.
A veces solo hace falta encontrar la música adecuada para el momento preciso.

lluviasobrela ventanaIt’s been raining for three days. The situation is easily imaginable. The children have been wearing their costumes for those same three days, and her butterfly wings build infinite towers that his lion’s claws knock down over and over. Meanwhile, you read. The instructions of the washing machine, it’s true, but you read. And I like to see you wearing your glasses.
It is not by far the best holiday day, but the tinkle of the rain on the window, the improvised chorus of La Chica de Ipanema, my favourite song, on the tv that no one is watching, and the hum of the washing machine that doesn´t want to die seem to me like the perfect soundtrack to decide what to do the rest of our lives.
Sometimes, you just need to find the right music for the precise moment.

Lluvias de ciudad / The rain in the city

Las lluvias de ciudad son un engorro. Porque lo mojan todo. Porque nadie quiere nunca mojarse. A pesar de que las gotas de lluvia sobre la piel nos recuerden que estamos vivos.

Mis hijos siempre sonríen cuando llueve, miran al cielo y bailan como lobos alrededor de una hoguera. Así que me mojaré con ellos, me empaparé de la misma lluvia y bailaré alrededor de la hoguera.

Porque sí, prefiero mojarme a llegar a la caja del súper y darme cuenta de que me he dejado la cartera en casa. Eso sí que es un verdadero engorro, o mejor dicho, un verdadero coñazo.

raining

The rain in the city is a nuisance. Because it wets everything.And nobody wants to get wet. Even though the raindrops on the skin remind us that we are alive.

My children always smile when it rains, they look at the sky and dance like wolves around a bonfire. So I’ll get wet with them, and I’ll soak in the same rain and dance around the bonfire.

Because I have to choose, I prefer getting wet rather than getting to the grocery store checkout counter and realize that I´ve left my wallet at home. Now that’s a real nuisance, or, to be honest, a real pain …

la señora del parque/lady in the park

Ella encontró refugio en un parque infantil. Estaba cansada. Agotada de vivir una vida que no había elegido, en una ciudad que no era la suya, en la que hablaban un idioma que no había llegado a aprender. Quizá necesitaba volver a su propia infancia, y esos columpios y toboganes ahora vacíos en una lluviosa mañana de domingo le parecieron el lugar perfecto para evadirse. O simplemente dormir. Y al dormirse bajo las copas de los árboles, se iba empapando lentamente con las gotas que quedaban en las hojas, imperceptibles pero certeras.

Se descalzó para no sentir la presión de esos zapatos que ya llevaban demasiado tiempo marcando su piel huesuda, para  dejar respirar sus pies a pesar de que las medias le impedían notar la fresca brisa del otoño entre sus dedos.

Llevaba el peso de los años sobre sus hombros, pero no olvidaba nunca peinarse como si él fuera a aparecer en cualquier instante. Porque eso hacía. Esperarlo.

Hacía ya, quizá, demasiado tiempo. IMG_9391

She found shelter in a playground. She was tired. Exhausted from living a life she had not chosen, in a city that was not hers, where people spoke a language that she had not been able to learn. Maybe she needed to go back to her own childhood, and those swings and slides now empty on a rainy Sunday morning seemed like the perfect place to escape. Or just to sleep. To rest. And when she fell asleep under the top of the trees, she slowly soaked herself with the drops that still remained on the leaves, imperceptible but accurate.

She took off her shoes so she did not feel for a moment the pressure of those shoes that had already marked her bony skin for too long, to let her feet breathe even though her stockings prevented her from feeling the cool autumn breeze among her fingers.

She carried the weight of years on her shoulders, but she never forgot to comb her hair as if he was going to appear at any moment. Because that was it. Waiting for him.

Perhaps for too long already.

Ella y las medusas/She and the jellyfishes

La mitología griega creía que las medusas eran monstruos femeninos alados que convertían en piedra a aquellos que las miraban fijamente a los ojos.
Ella se quedó de piedra, pero no a causa de algún hechizo maligno, sino por la belleza que desprendía el sutil y sensual movimiento de estos seres gelatinosos, que se bamboleaban tristemente en su cubículo a falta de un mar en el que perderse.
Quedó cautivada y pensativa, al no entender que un ser tan bello pudiera no ser feliz. Un ser transparente, como su mente y su alma. Que se mostraba al mundo tal y como era, sin segundas intenciones porque no tenía cómo esconderlas. Y así y todo, lo forzaban a vivir en una jaula igual de transparente que su piel, para que los humanos pudieran disfrutar de su belleza desde la comodidad que su superioridad le ofrece.
“Mami, yo creo que nadie nunca debería vivir encerrado, en contra de su voluntad si no ha hecho nada malo, y no se ha portado mal. Si no ha mordido a nadie ni a nadie ha hecho mal”.
Y se giró hacia las medusas, y volvió a mirar su lento balanceo, y supo que no eran monstruos, sino seres de otro mundo que buscaban su sitio en este.
Y pensó que ser medusa debía ser muy difícil, como ser niño, porque ser transparente, sincero y bello es una combinación demasiado peligrosa. 
Pero igualmente se sonrieron, las medusas y ella, con el lenguaje secreto de los seres más delicados de este mundo. IMG_4535Greek mythology believed that jellyfishes were female winged monsters that turned stone to those who stared into their eyes.
She was stunned, but not by some evil spell, but by the beauty that gave off the subtle and sensual movement of these gelatinous beings, who wobbled sadly in their cubicle in the absence of a sea to get lost.
She was captivated and thoughtful, not understanding that such a beautiful being could not be happy. A transparent being, like her mind and soul. That was shown to the world as it was, without ulterior motives because it had no way of hiding them. And still, they were forced to live in a cage as transparent as their skin, so that humans could enjoy their beauty from the comfort their superiority offers.
“Mommy, I believe that nobody should ever live locked up, against their will if they have not done anything wrong, and they have not behaved badly. If they have not bitten anyone or has not hurt them. ”
And she turned to the jellyfishes, and looked back at their slow rocking, and knew that they were not monsters, but beings from another world, who sought their place in this.
And she thought that being a jellyfish should be very difficult, like being a child, because being transparent, sincere and beautiful is a combination too dangerous. But they smiled to each other, the jellyfishes and her, with the secret language of the most delicate beings of this world.

Amanece un lunes más/Early Monday morning

Lunes por la mañana. Me despierto y todavía es de noche. Los niños duermen. Me ducho con los ojos medio cerrados. Preparo el café, las tostadas, el zumo de naranja. Empiezo a despertar a los niños, porque mágicamente se levantan pronto los sábados y los domingos, pero de lunes a viernes piensan que es algo inútil … (y odio despertarlos con esas caras tan celestialmente perfectas, llenas de babas y mocos). Pero “noblesse oblige”, es decir, el cole manda.
La casa aún está oscura, fría, porque la calefacción no calienta todos los rincones. Me dirijo al comedor y veo esta belleza.
El día se despierta conmigo. Pero también está medio dormido. El sol y la luna chocan esos cinco y cambian de turno. El ruido de los coches nos recuerda que la vida está despertando también (aunque preferiría el piar de los pájaros que solía escuchar, pero eso es lo que las ciudades tienen, o no). Y me siento dormiladamente feliz.
Esta canción sonaba en la radio y no tengo ni idea de cuál es (si lo sabes, dímelo). Quizá es un súper éxito o una caca. Pero fue perfecta en ese momento.

Early Monday morning. I wake up and it´s still dark. The kids sleep. I take a shower eyes mid open. Coffee, toast, orange juice…. Starting to wake the children up, because they magically get up early on weekends but from Monday to Friday they think it´s worthless… (and I hate waking them up with such peaceful faces, full of boogers and dribbles, and still adorable). But “noblesse oblige”, which means, school rules.
The house is still dark, cold, because the heater doesn’t warm up every corner yet. I head to the dining room and I see this beauty.
The day wakes up with me. But it´s also half asleep. The sun and the moon high five and switch shift. The screeching of cars tell us that life is waking up too (although I´d prefer the tweets of birds I used to hear, but that’s what cities have, or don’t). And I feel happy. Sleepily happy.
This songs was on the radio and I have no clue what it is (if you do, let me know). Maybe it´s a hit and I don’t know it (that’s very me), or it’s crap. Whatever. It was cool for the moment.