El hombre de piedra

Una vez tuve corazón.
Una vez supe amar.
Una vez fui amado.
Una vez sentí paz.

¿Y qué pasó?
Preguntó ingenua,
la ingenua niña,
color de mar.

Ya ni recuerdo.
Ya no me importa.
Ahora soy piedra.
Tengo coraza.
Nada ni nadie me importa ya.


Yo no lo creo, no me convences.
Todos podemos siempre cambiar.
Si lo intentamos, abre tu alma,
Déjame un hueco, déjame entrar.


Y de su mano salió una rosa.
Y sin temores se la ofreció.
Yo soy tu amiga, no tengas miedo,
Escucha dentro, a tu corazón.

Y el hombre de piedra,
sin esperarlo,
cogió la rosa y se pinchó.
Y al ver la sangre, gritó contento,
Rompió su escudo y la abrazó.

——
Porque una rosa puede hacer que un corazón de piedra vuelva a latir.
Esta preciosa ilustración es de la exquisita @custardoy_marta.
Con una imagen tan profunda y bella se pueden transmitir infinidad de sentimientos. Tu dibujo y mis letras creo que hacen un binomio perfecto.

Insomnio bajo la Luna

Si pudiera pedir un deseo,
pediría ir a la Luna.
Me llevaría un violín,
y también mis aceitunas.

Porque viajar al espacio
es cansado y me da hambre.
Pero yo sé, que allá arriba,
soy feliz en mi astronave.

Las notas fluyen despacio,
reflejando sentimientos.
El cielo no tiene techo,
Ni puertas el firmamento.

Quisiera volar al espacio,
pero no tengo cohete.
Por eso toco canciones
Que solo las estrellas sienten.

Do re mi fa sol la sí
So le si to, por favor.

Cuida mis sueños,
son muchos.
Cuida más mi corazón.

Así las noches de insomnio,
cuando no puedo dormir,
al techo de casa subo,
y soy libre.
Y muy feliz. .
———-
La ilustración es de la maravillosa @ag_dibujos. Hagamos campaña para que quiera ilustrar mis poemas. Es exquisita, como el dulce de leche.
Gracias por prestarme tu arte. Ya sabes, esto es solo el comienzo de algo precioso. Lo sé.

Misifú

Yo quise un león de pequeña.
Que durmiera en mi regazo.
Que me cuidara de noche.
Y me dejara peinar su pelazo.

Pero mi madre, muy lista,
dice, que nosotros, humanos,
Para abrazar los leones,
Tenemos cerca los gatos. (…)

Vocales

Las vocales, al principio,
no se llevaban muy bien.
Así que formaban palabras
sin mezclarse, sin querer.

La A lo tenía fácil,
pues inventó el verbo AMAR.
Pero eligió ABRACADABRA,
que era una ALHAJA,
a la que poder ABRAZAR.


La E se tiraba al CÉSPED
para un buen libro LEER,
y poder ENTRETENERSE
y jamás ENVEJECER.


Aunque LA I tenga CISTITIS
Para un buen BRINDIS está.
Aunque caiga CHIRIMIRI,
no es TIQUISMIQUIS, qué va.


Qué calor hace este OTOÑO,
con HORROR dijo la O.
No es un CHOLLO tal BOCHORNO.
A OXFORD me voy, bromeó.


CUCURRUCUCÚ, paloma,
cantaba la U junto al ÑU.
Y aunque ella el PUNK lo prefería,
Se puso el TUTÚ y apagó la LUZ.

Hasta que un día, felices,
decidieron reunirse.
Juntas nos divertimos,
Y jugaron sin herirse.
Así que llamaron a AURELIO,
Que se trajo su MURCIÉLAGO.
Se fueron al AYUNTAMIENTO.
Y fue un AUTÉNTICO acierto.

Poema de las estrellas

Soñemos imposibles.
Que la vida va de sueños.
Y si los sueños no se sueñan,
jamás pasarán de ensoñaciones a realidad.

Algunos de esos sueños
no pasarán de ahí.
Se quedarán en la oscura noche,
al calor de las estrellas.
No importa.

Porque el corazón
es el hogar perfecto
para los sueños soñados.
Cumplidos, o no.

el hogar eres tú

A veces hay que sentarse en un banco del parque y mirar. Las palomas buscan tranquilas migajas de algún bocadillo en tránsito, los pájaros se pían entre ellos, alegres por haber encontrado un gusano que llevar a casa. Las ancianas pedalean sus bicis con lentitud, pero firmeza, que los años de experiencia son un grado.
Hay que observar y sentir y respirar. Y darse cuenta de que la vida es, en esencia, una sencilla maravilla compuesta por personas y momentos, nada más.
Es tan poco lo que realmente se necesita.
Para ser feliz y para vivir.
Una maleta, ni muy grande. Ropita interior, un pijama y las gafas, poco más.
El hogar eres tú.
Porque el anillo que creías único, se perdió, pero seguiste viviendo con el mismo recuerdo y cariño hacia quien te lo regaló. Porque fue el momento y la intención lo que importaban.
Esa casa que creiste tu hogar durante tantos años ahora ya no existe. Pero no pasa nada.
El hogar eres tú.
Porque tu hogar está en las miradas de los que te acompañan en la vida, en ese brazo tendido para subir la escalera, en esa llamada que te hace reír, o llorar, pero existe porque alguien, no importa dónde, te recuerda y te siente cerca.
El hogar lo llevas dentro.
El hogar eres tú.
Ni los muebles, ni siquiera aquellos libros que tanto tardaste en acumular, con esmero y pasión. Ni los cuadros que decoraban tu casa ni la música que escuchabas al llegar a casa.
El hogar eres tú.
El hogar es el abrazo de un hermano, la risa de un hijo, el te quiero nunca pronunciado de un padre.
El hogar son esos sueños soñados, realizados o no.
El hogar eres tú.
Mira las aves, que migran continuamente. Vuelan libres al ritmo del viento.
Tú fluyes, libre, al ritmo de tu corazón.
El hogar eres tú.
Por eso me siento y siento la vida.
El hogar eres tú y soy yo.

El amor

El amor,
qué sentimiento
tan difícil de explicar.

No lo creo.
Escucha atento,
lo que te voy contar.

El amor,
pera jugosa
acabada de cortar.

Hojas secas en otoño,
montañas para saltar.

El amor es esa estrella
que ni con telescopio ves.
Pero notas cómo brilla
desde lejos en tu ser.

Es un baño de agua helada
en el río, ducha o mar.
Acelera pulsaciones.
Te refresca y te da paz.

El amor es chocolate,
dulce o amargo, da igual.
Y cuando lo pruebas, repites.
Que el alma gordita me va.

El amor, burbuja fina
delicado y bello es.

Lluvia suave, o bien tormenta.
Si estamos juntos, va bien.


El amor son esos besos
que me guardo en esta caja.
Te los daré todo juntos,
cuando ya llegues a casa.


Porque querer es muy fácil.
Solo tiene que probar.
Cierra los ojos y piensa,
si te hace feliz. Ahí está.

No pasa nada. Se tienen

Miran el reloj porque el tiempo pasa. Siempre hacia adelante. Sin rebobinar. Lo saben bien. 
No pasa nada. Se tienen. 
Las piernas comienzan a flojear, el corazón se acelera al subir las escaleras, la memoria se toma vacaciones de vez en cuando. 
No pasa nada. Se tienen. 
Se apoyan una sobre otra para no dejarse caer. Y si caen, se levantan, aunque cueste, entre moretones, risas y una pizca de vergüenza. 
No pasa nada. Se tienen. 
Pocas veces hablan sobre el futuro, que se va encogiendo. Muchas otras del pasado, que se agranda. 
No pasa nada. Se tienen. 
De tanto en tanto miran al cielo y guiñan un ojo al que les cuida desde arriba. Se te echa de menos.
No pasa nada. Se tienen.
Así que deciden dejar los relojes en casa y pasear bajo el tibio sol, de un modo frágil pero firme, sin rumbo pero sin dudas. 
Les espera la vida. Más hermosa que nunca. Aunque a veces se nieguen a aceptarlo.
Y un bocata de jamón. Del bueno. Uno para cada una. 
Porque se tienen, pero hay cosas sagradas. 
Y el jamón, si es bueno, es una de ellas.
Ponga uno más, que desde arriba nos piden una tapita. 
Pero del bueno. 

 

we don´t have a song, but we have a cat

The radio said there was a woman in New York who had married herself. It sounded crazy and a bit silly, but she didn’t hurt anyone but her pocket.

It was a chilly day and she had doodled her name on the kitchen windows condensation while she was waiting for oven to be warm.

Elegant people do not run on the streets, the radio continued saying. Strange and even sillier quote, she thought.

The smell of the cake was spreading stealthily around the tiny apartment.

The news talked too about those tons of people desperately fleeing from here to there. Not wanted nor here not there. Stuck in no man’s land. This made her cried. And silently, furiously shouted, damn world.

His hands were freezing when he came in. He didn’t have gloves.

He petted the cat, kissed her and went to the living for two glasses of wine.

it smells terrific…i love this cake. and i love this song, he shouted.

She realized they didn’t have a song, they didn’t have a dance, they didn’t have a film. Yet.

But they had a radio, they had a cake and they had a cat.

She ran towards the living as inelegantly and wildly as she could, and kissed him back.

it was finally snowing outside.


La radio decía que, en Nueva York, una mujer se había casado consigo misma. Sonaba un poco increíble y bastante absurdo, pero suponía que no hacía daño a nadie más que a su bolsillo.

Era un día frío y ella había garabateado su nombre en el vaho las ventanas de la cocina mientras preparaba el postre.

La gente elegante no corre por las calles, continuó diciendo la radio. Cita extraña e incluso más absurda si cabe, pensó.

El olor de la tarta se esparcía subrepticiamente por el diminuto apartamento

Las noticias también hablaban de esas toneladas ingentes de personas que huían desesperadamente de aquí para allá. Sin que nadie las quisiera ni esperara, ni aquí ni allá. Atrapados en tierra de nadie. Esto la hizo llorar. Y silenciosa y furiosamente gritó, maldito mundo.

Sus manos estaban congeladas cuando entró. No tenía guantes.

Acarició al gato, la besó y se fue al salón, a servirles una copa de vino.

Huele fenomenal … me encanta este pastel. Y me encanta esta canción, gritó.

Ella se dio cuenta de que no tenían una canción, no tenían un baile, no tenían una película. Aún.

Pero tenían una radio, tenían un postre y tenían un gato.

Corrió hacia el salón del modo menos elegante que pudo, y le devolvió el beso.

Ya había comenzado a nevar. .

Shibuya

Where the lives of three thousand people cross simultaneously for a few seconds at the command of the red and green traffic lights, she stole his wallet and he, her heart.

That was a Monday.

The chances of crossing again were tiny. One in a billion. But it happened. They did it.

And this time, she returned the wallet. But he, selfish, kept her soul for him.

That was on Tuesday.

Desperate, she returned the next day. And the other. And the other.

Nothing.

The chances were, in fact, too little.

She tried to guess which of the crossings he could choose, at what minute of the morning. Afraid to change the routine in case he chose the one where he left her eager. Lack of air.

So, when it was another random Monday, while stealing other wallets with no joy or frenzy, melancholic and conquered, she looked up, and on the huge television screens that surround the damn intersection, she read “I have your heart, but I need you to make it beat “.

And at the moment when the traffic light was going to change, they crossed again.

Allí donde las vidas de tres mil personas se cruzan simultáneamente durante escasos segundos a las órdenes del rojo y verde de los semáforos, ella le robó la cartera y él, su corazón.

Eso fue un lunes.

Las probabilidades de volver a cruzarse eran ínfimas. Una entre mil millones. Pero pasó. Volvieron a cruzarse.

Y esta vez, ella le devolvió la cartera. Pero él, egoísta, siguió quedando con su alma.

Eso fue el martes.

Desesperada volvió al día siguiente. Y al otro. Y al otro.

Nada.

Las probabilidades eran, efectivamente, demasiado escasas.

Hizo cábalas para adivinar cuál de los pasos de peatón podría escoger, en qué minuto de la mañana. Con miedo a cambiar de rutina por si volvía a escoger aquel en el que la dejó anhelante. Falta de aire.

Así que, cuando volvió a ser otro lunes cualquiera, mientras robaba otras carteras sin alegría ni frenesí, taciturna y rendida, miró hacia arriba, y en las inmensas pantallas de televisión que rodean el maldito cruce, leyó “tengo tu corazón, pero te necesito a ti para hacerlo latir”.

Y en el momento en el que el semáforo iba a cambiar, se volvieron a cruzar.