we don´t have a song, but we have a cat

The radio said there was a woman in New York who had married herself. It sounded crazy and a bit silly, but she didn’t hurt anyone but her pocket.

It was a chilly day and she had doodled her name on the kitchen windows condensation while she was waiting for oven to be warm.

Elegant people do not run on the streets, the radio continued saying. Strange and even sillier quote, she thought.

The smell of the cake was spreading stealthily around the tiny apartment.

The news talked too about those tons of people desperately fleeing from here to there. Not wanted nor here not there. Stuck in no man’s land. This made her cried. And silently, furiously shouted, damn world.

His hands were freezing when he came in. He didn’t have gloves.

He petted the cat, kissed her and went to the living for two glasses of wine.

it smells terrific…i love this cake. and i love this song, he shouted.

She realized they didn’t have a song, they didn’t have a dance, they didn’t have a film. Yet.

But they had a radio, they had a cake and they had a cat.

She ran towards the living as inelegantly and wildly as she could, and kissed him back.

it was finally snowing outside.


La radio decía que, en Nueva York, una mujer se había casado consigo misma. Sonaba un poco increíble y bastante absurdo, pero suponía que no hacía daño a nadie más que a su bolsillo.

Era un día frío y ella había garabateado su nombre en el vaho las ventanas de la cocina mientras preparaba el postre.

La gente elegante no corre por las calles, continuó diciendo la radio. Cita extraña e incluso más absurda si cabe, pensó.

El olor de la tarta se esparcía subrepticiamente por el diminuto apartamento

Las noticias también hablaban de esas toneladas ingentes de personas que huían desesperadamente de aquí para allá. Sin que nadie las quisiera ni esperara, ni aquí ni allá. Atrapados en tierra de nadie. Esto la hizo llorar. Y silenciosa y furiosamente gritó, maldito mundo.

Sus manos estaban congeladas cuando entró. No tenía guantes.

Acarició al gato, la besó y se fue al salón, a servirles una copa de vino.

Huele fenomenal … me encanta este pastel. Y me encanta esta canción, gritó.

Ella se dio cuenta de que no tenían una canción, no tenían un baile, no tenían una película. Aún.

Pero tenían una radio, tenían un postre y tenían un gato.

Corrió hacia el salón del modo menos elegante que pudo, y le devolvió el beso.

Ya había comenzado a nevar. .

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mangopapayachocolate

Soy Nayra, inventoria de historias, periodista y traductora española. Me gusta escribir, lo que sea. Me gusta leer. Y contar cuentos a los peques e historias a los grandes.

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