No pasa nada. Se tienen

Miran el reloj porque el tiempo pasa. Siempre hacia adelante. Sin rebobinar. Lo saben bien. 
No pasa nada. Se tienen. 
Las piernas comienzan a flojear, el corazón se acelera al subir las escaleras, la memoria se toma vacaciones de vez en cuando. 
No pasa nada. Se tienen. 
Se apoyan una sobre otra para no dejarse caer. Y si caen, se levantan, aunque cueste, entre moretones, risas y una pizca de vergüenza. 
No pasa nada. Se tienen. 
Pocas veces hablan sobre el futuro, que se va encogiendo. Muchas otras del pasado, que se agranda. 
No pasa nada. Se tienen. 
De tanto en tanto miran al cielo y guiñan un ojo al que les cuida desde arriba. Se te echa de menos.
No pasa nada. Se tienen.
Así que deciden dejar los relojes en casa y pasear bajo el tibio sol, de un modo frágil pero firme, sin rumbo pero sin dudas. 
Les espera la vida. Más hermosa que nunca. Aunque a veces se nieguen a aceptarlo.
Y un bocata de jamón. Del bueno. Uno para cada una. 
Porque se tienen, pero hay cosas sagradas. 
Y el jamón, si es bueno, es una de ellas.
Ponga uno más, que desde arriba nos piden una tapita. 
Pero del bueno. 

 

we don´t have a song, but we have a cat

The radio said there was a woman in New York who had married herself. It sounded crazy and a bit silly, but she didn’t hurt anyone but her pocket.

It was a chilly day and she had doodled her name on the kitchen windows condensation while she was waiting for oven to be warm.

Elegant people do not run on the streets, the radio continued saying. Strange and even sillier quote, she thought.

The smell of the cake was spreading stealthily around the tiny apartment.

The news talked too about those tons of people desperately fleeing from here to there. Not wanted nor here not there. Stuck in no man’s land. This made her cried. And silently, furiously shouted, damn world.

His hands were freezing when he came in. He didn’t have gloves.

He petted the cat, kissed her and went to the living for two glasses of wine.

it smells terrific…i love this cake. and i love this song, he shouted.

She realized they didn’t have a song, they didn’t have a dance, they didn’t have a film. Yet.

But they had a radio, they had a cake and they had a cat.

She ran towards the living as inelegantly and wildly as she could, and kissed him back.

it was finally snowing outside.


La radio decía que, en Nueva York, una mujer se había casado consigo misma. Sonaba un poco increíble y bastante absurdo, pero suponía que no hacía daño a nadie más que a su bolsillo.

Era un día frío y ella había garabateado su nombre en el vaho las ventanas de la cocina mientras preparaba el postre.

La gente elegante no corre por las calles, continuó diciendo la radio. Cita extraña e incluso más absurda si cabe, pensó.

El olor de la tarta se esparcía subrepticiamente por el diminuto apartamento

Las noticias también hablaban de esas toneladas ingentes de personas que huían desesperadamente de aquí para allá. Sin que nadie las quisiera ni esperara, ni aquí ni allá. Atrapados en tierra de nadie. Esto la hizo llorar. Y silenciosa y furiosamente gritó, maldito mundo.

Sus manos estaban congeladas cuando entró. No tenía guantes.

Acarició al gato, la besó y se fue al salón, a servirles una copa de vino.

Huele fenomenal … me encanta este pastel. Y me encanta esta canción, gritó.

Ella se dio cuenta de que no tenían una canción, no tenían un baile, no tenían una película. Aún.

Pero tenían una radio, tenían un postre y tenían un gato.

Corrió hacia el salón del modo menos elegante que pudo, y le devolvió el beso.

Ya había comenzado a nevar. .